CUANDO EL DOLOR NO ESTÁ DONDE DUELE. Intestino, sistema nervioso y mandíbula: lo que la ciencia lleva años explicando sobre el dolor orofacial crónico.

Laura Ortega Marín. Diplomada en Fisioterapia (UIB). Máster Universitario en Dolor Orofacial y Disfunción Craneomandibular (CEU San Pablo). Graduada en Nutrición Humana y Dietética (UAH). Fisioterapeuta en clínica ATM Fisioterapia, Palma de Mallorca. Colegiada n.º 408 (COFIB) y n.º IB00273 (CODINIB).

Hay muchos pacientes con dolor mandibular que llevan años sin mejorar. ¿Qué está pasando?

Que el dolor mandibular crónico casi nunca es un problema puramente mecánico, y con frecuencia se trata como si lo fuera. La literatura científica lo clasifica hoy como un síndrome de sensibilización central: el sistema nervioso se vuelve hiperactivo y amplifica el dolor bastante más allá del tejido que lo originó. Por eso hay pacientes con una articulación aparentemente normal que tienen dolor intenso, y otros con alteraciones estructurales claras que apenas lo notan. Cuando eso ocurre, tratar solo la mandíbula no es suficiente.

Metaanálisis en Pain (2017): pacientes con TTM presentan umbrales de dolor reducidos en áreas trigeminales y extratrigeminales, signo característico de sensibilización central. Seweryn et al., J. Oral Facial Pain Headache, 2024.

¿Qué tiene que ver el intestino con el dolor de mandíbula?

Más de lo que parece. El eje intestino-cerebro es una vía de comunicación bidireccional documentada: el intestino influye en el estado del sistema nervioso central a través del nervio vago, el sistema inmune y los metabolitos bacterianos. Cuando la microbiota se desequilibra —por estrés prolongado, mala alimentación o falta de sueño— aumenta la inflamación sistémica y el umbral del dolor baja. En 2024 y 2025 se publicaron estudios específicos sobre microbiota y trastornos temporomandibulares que muestran relaciones causales entre disbiosis intestinal y dolor orofacial crónico.

Tao R et al., Brain Sciences, 2023. Zhao K et al., Front. Cell. Infect. Microbiol., 2024. Krishnamoorthy G et al., J. Oral Facial Pain Headache, 2025.

¿Cómo se explica eso a nivel fisiológico?

Las bacterias intestinales producen ácidos grasos de cadena corta que tienen efecto protector sobre la función neuronal. Cuando hay disbiosis, esa producción cae y aumentan las citoquinas proinflamatorias. Eso sensibiliza el sistema nervioso de forma generalizada. En el caso del dolor orofacial, el complejo trigémino-cervical —la zona del tronco del encéfalo que integra la información de cara, mandíbula y cuello— es especialmente vulnerable a esa sensibilización. No es un mecanismo hipotético: tiene descripción neuroanatómica y correlato clínico bien establecido.

Wani P, Anand R., Cureus, 2025. Zhao M et al., Frontiers in Pain Research, 2025.

¿Qué factores del día a día influyen en este proceso?

El estrés mantenido es el más estudiado: activa el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, eleva el cortisol y genera inflamación que altera tanto la microbiota como la sensibilidad neuronal. La falta de sueño tiene un efecto bidireccional: el dolor interrumpe el sueño y la privación de sueño amplifica el dolor. La dieta ultraprocesada reduce la diversidad microbiana. El sedentarismo se asocia a mayor inflamación sistémica. Ninguno de estos factores es la «causa» del dolor en solitario, pero cualquiera de ellos puede ser lo que impide que el paciente mejore.

Zhao M et al., Frontiers in Pain Research, 2025.

¿Qué implica esto para el tratamiento?

Que la evaluación tiene que ir más allá de la articulación. Además de la valoración mecánica de la ATM y la columna cervical, es necesario explorar indicadores de sensibilización central, el patrón de sueño, el nivel de estrés, el historial digestivo y los hábitos alimentarios. El tratamiento debe abordar todos esos niveles: el estructural, el del sistema nervioso y el del entorno del paciente. No es un protocolo único; es un plan que varía según lo que esté manteniendo el dolor en cada caso. Y en muchos casos requiere coordinación entre varios profesionales.

¿Qué perfil de paciente se puede beneficiar de este enfoque?

Cualquier persona con dolor mandibular, facial o cefáleas que no ha respondido bien al tratamiento convencional, especialmente si el cuadro incluye bruxismo, tensión cervical, dolor de oídos sin causa otológica o acufenos, y si se asocia a estrés, problemas digestivos o sueño alterado. También pacientes en proceso de cirugía ortognática, donde la fisioterapia especializada antes y después de la intervención mejora significativamente el resultado. Son cuadros en los que la coordinación entre odontólogos, médicos, fisioterapeutas y nutricionistas marca la diferencia.

¿Qué le dirías a alguien que lleva años con este dolor y ya no sabe a dónde ir?

Que el hecho de no haber mejorado no significa que el dolor no tenga solución. Significa que todavía no se ha encontrado el enfoque adecuado. El dolor crónico orofacial es complejo, pero hoy entendemos bastante bien sus mecanismos. Con una evaluación completa y un abordaje que tenga en cuenta todos los factores implicados, la mayoría de los pacientes mejoran.

22 de Junio de 2026

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